Un fruto llamado: Tango
Por Angel Rafael Cipullo
Tango y Génesis: un abrazo en la memoria
Ángel o Angelito, mi papá, llevaba el tango en la piel y en la voz. Cada melodía era un recuerdo, cada palabra una historia que empezaba a desvanecerse con el Alzheimer. Lo veía, a veces perdido entre silencios, y sentía que el tiempo se le escapaba entre los dedos, llevándose consigo pedazos de su memoria, de su mundo.
Entonces surgió la idea, simple y urgente: “Compartamos con el mundo”, le dije. Y nació Tango y Génesis. Un programa semanal, radial y online, que era mucho más que música. Era un hilo que unía su pasado con mi presente y con cualquier oído dispuesto a escuchar.
Armábamos los programas juntos. Revisábamos grabaciones antiguas, recordábamos tangos que olían a Buenos Aires, a café, a piel mojada por la lluvia. Cada emisión era un diálogo silencioso: él, con su voz temblorosa pero viva; yo, sosteniéndolo, traduciéndolo para que otros lo pudieran acompañar.
El blog quedó como su memoria que respira. Las audiciones, como su voz que todavía me habla. Cada entrada es un pedazo de Ángel que se resiste a desaparecer, que sigue danzando entre los acordes, entre las historias de un tango que nació de barrios, de amores y de nostalgias.
Tango y Génesis nació del miedo a olvidar, pero terminó siendo un acto de amor. Amor entre un padre y un hijo, amor por la música, amor por la memoria que se rehúsa a morir. Cada tango que suena es un abrazo que me devuelve a él. Y cada palabra escrita es un susurro: Ángel sigue aquí, mientras haya alguien que quiera escuchar.

















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